miércoles, 18 de febrero de 2009

Google Latitude: las personas son la noticia



El lanzamiento de Google Latitude generó unas cuantas polémicas. El nuevo desarrollo de software de la todopoderosa Google permite a un usuario A saber exactamente dónde está un contacto B en un momento determinado. Siempre que ese usuario B quiera que A sepa dónde está.

Desde la perspectiva del mundo anterior a Internet, resulta desconcertante. Y es por ello que, mientras Enrique Dans define la privacidad como una "anomalía histórica", hay quien se engancha a la interpretación apocalíptica de la tecnología. No estoy muy de acuerdo con Dans. Pero lo estoy aún menos con los chicos del no, aquellos que sostienen que Google Latitude atenta contra la privacidad de las personas. La herramienta no es de uso obligado y cada persona puede decidir en cada momento si quiere ser localizada.

Además, creo que la lectura debe ser otra. ¿Por qué se han dado las condiciones para que una empresa como Google lance un producto de este tipo? bajo estas líneas está mi hipótesis:

1) Los medios de comunicación tradicionales funcionaron como argamasa de la sociedad industrial. Canonizaban, difundían valores, seleccionaban la información necesaria para que las personas se moviesen a través del espacio común de lo social. De ahí el interés de tantos por controlarlos y/o influir en ellos. Las condiciones económicas y políticas que rodeaban a esta industria hacían que sólo pudiese ser noticia -ser social, al fin- aquello que congregaba el interés de un gran número de personas. Así que asumimos que lo interesante -lo que era noticia- era lo que le pasaba a Penélope Cruz -un suponer- y no lo que le pasaba a un primo al que hace tiempo que no vemos.

2) Los modelos sociales pasaron a ser personas que alcanzaron a tener una identidad determinada en el espacio de lo común. Como Penélope Cruz, siguiendo con el ejemplo. Imagino que la vida real de la protagonista de "La niña de tus ojos" es más interesante, más complicada y más rica en todos los sentidos, que la vida de su yo mediático. Sin embargo, lo que le sucede a nuestro primo A suele estar mucho más cerca de lo que nos sucede a nosotros. Así que, como modelo, nos resulta de mayor utilidad.

3) Internet trajo el modelo de comunicación "muchos a muchos". Y nuestras prioridades a la hora de informarnos han cambiado. Ejemplo: desde que comenzó el día he leído varios periódicos, he consultado en mi cuenta en Facebook las cosas de mis amigos, y a través de iGoogle y de Twitter he accedido a información sobre algunos temas de interés que forman parte de mi agenda pero no necesariamente de la de los medios de comunicación. Lo que he sabido de lo que hacen algunos de mis contactos me resulta interesante profesionalmente. Lo que he sabido de otros me interesa por otros motivos.

4) Y en esto llegó Google Latitude. Se trata de una herramienta interesante para el nuevo modelo de relaciones sociales que estamos construyendo. Otra más. Se trata de una herramienta sólo concebible a la luz de este nuevo paradigma. Y resulta incomprensible -claro- a la luz del anterior. Por lo demás, tampoco acabamos de entender mucho su utilidad. Debatimos sobre su impacto sobre la privacidad antes que sobre su utilidad. Pero tampoco está tan mal: al fin y al cabo, sus usos los iremos definiendo los usuarios, a veces empujados por nuestro interés, a veces por el de terceros, a veces condicionados por otros desarrollos tecnológicos. Y, un día habrá muchas personas que no entiendan cómo se pudo vivir sin Google Latitude. ¿Se acuerdan de aquel mundo en el que Maradona hacía prodigios con las manos y nadie necesitaba un teléfono móvil para vivir?

2 comentarios:

Juan Luis Sarchione Terminiello dijo...

Creo que es más que acertado el comentario sobre el paradigma con el cual estamos analizando constantemente nuestro mundo.


Si miramos al futuro con los ojos del pasado, no podemos esperar nada bueno.


Les recomiendo esta nota: Por qué es tan difícil actualizarse?

Adycto dijo...

La clave está en que cada uno pueda decidir su nivel de privacidad. Ahora bien, es evidente, como bien decías, que mirar las "nuevas realidades" con ojos del pasado es un error pero no hay que olvidarse que, por mucho que queramos negarlo, cada hombre es presa de su tiempo.