
Hoy he recordado la imagen de los vendedores de lociones fabulosas subidos sobre un carromato desde el que prometían la eterna juventud en algún lugar del far west. Como en aquellas películas del Oeste. Y ha sido gracias a un interesante post de Albert Barra sobre la crisis por la que atraviesa la industria hotelera en España -reflejo, al fin, de la crisis económica global-. Barra explica que ha visto en Fitur, una de las grandes ferias mundiales del turismo, cómo simpáticos conferenciantes trataban de convencer a los hoteleros de que la solución a sus problemas pasa por las herramientas de la Web 2.0. A Barra le parecen fatal esos excesos. Y propone volver a las bases: estudiar al cliente, diseñar productos acordes con sus necesidades y capacidades, investigar el mercado... También escribe: "Más adelante, y sólo si se han hecho bien estas cuestiones considero que es oportuno o no, emprender proyectos de Web 2.0 y comunidades, y otras cosas".
Y creo que tiene toda la razón. Hay tipos que prometen que la solución a todos los problemas de todos aquellos que están afectados por la crisis pasa por la Red. Hay personas que se hacen ricas en la Red en muy poco tiempo porque han tenido la mejor idea y la mejor para estrategia. y las portadas de las revistas están plagadas de veinte añeros cuyas fortunas permitirán vivir a sus nietos como auténticos reyes. También hay empresarios que no acaban de entender qué sucede y que compran su loción mágica al primer vendedor 2.0 que les planta frente a sus negocios una buena presentación en Power Point.
Es la era de la conquista, de la conquista de Internet, con su parte épica y maravillosa, y con sus desórdenes de universo adolescente. Vuelvo sobre lo que expresé en un comentario al post de Albert Barra: así de maravilloso y de errático va a seguir siendo todo hasta que sean los nativos digitales quienes escuchen a los vendedores de pócimas maravillosas 2.0. O eso creo. Y quizás me equivoque. Porque estamos en el tiempo en el que todo puede ser verdad. O no serlo.